lunes, 5 de febrero de 2018

+Money -Capítulo 14

Capítulo 14

Theo bajó por el elevador del que había salido ya tantas veces con una sonrisa, pero no había alegría en su rostro. Había llamado a Arturo para que lo fuera a recoger. El joven chofer había llegado en taxi ya que Theo tenía su auto esperando. Cuando vio el semblante de Theo el propio se oscureció, parecía que había problemas en el paraíso.

-¿A la oficina?- preguntó después de abrirle la puerta y subir él mismo al auto.

-No…- Theo se lo pensó y después de un profundo suspiro le indicó la dirección que aparecía en el expediente de Nabil. El día estaba brillante y la gente animada a primera hora del día. Él deseaba que ojalá estuviera lloviendo tan mal que no fuese posible ver tantas buenas caras en la calle.


Resignado cerró los ojos y se mantuvo todo el camino en silencio.

-Llegamos señor- no podían entrar al estacionamiento subterráneo ya que era privado, pero la entrada parecía más accesible. Theo bajó sin realmente tener mucha idea de qué hacer cuando notó una espalda familiar caminando desde la recepción hasta el elevador. Cuando la algo encorvada figura entró pudo ver su rostro, era Bill. Sonrió amargamente, así que ésta era la verdadera residencia de Nabil, incluso la prensa sabía más que él.

Con la mirada en el numerador del elevador tomó nota del piso en el que Bill bajó y esperó para subir y poner el mismo piso, solo se quedaría en el pasillo hasta que el hombre mayor saliera. Se sentía desanimado, deprimido y el corazón le dolía terriblemente.

No tuvo que esperar demasiado, no más de dos minutos después vio a Bill salir de una de las puertas y caminó tranquilamente hacia él. Cuando el chofer lo vio se sorprendió, pero suponiendo que la residencia de su jefe ya no era un secreto después de San Valentín simplemente le saludó con un asentimiento de cabeza antes de pasar por su lado.

Theo se detuvo frente a la puerta de la que Bill había salido y se quedó varios segundos parado frente a ella, pensando qué diría al verlo. Las posibilidades de que quien le abriera no fuese Nabil, ¿quizá era la casa de Bill? Eso sonaba ingenuo pero él podía aferrarse a la esperanza. Después de cinco minutos frente a la puerta finalmente llamó al timbre. No pasó mucho antes de que abrieran sin usar el intercomunicador.

-¿Qué olvidaste Bi…?- la pregunta se atoró en la garganta de Nabil al encontrarse con los azules ojos de Theo- ¿The…The….Theo?- estaba completamente paralizado. Theo dibujó una sonrisa amarga en el rostro.

-Sorpresa- se adelantó y entró al departamento sin dar espacio a otra opción. Lo que encontró lo deprimió aún más… aquel lugar gritaba Nabil por todos lados-. Así que ésta es tu casa… ¿la que no soy digno de conocer?- Nabil había caminado tras él y cuando escucho la pregunta negó rápidamente pero tenía la lengua entumida sin saber qué decir- ¿Qué? ¿Así que esta tampoco es tu casa?


-¡No! ¡Quiero decir sí! The… Theo…- se veía angustiado y Theo sintió una pequeña debilidad en el corazón por aquella carita aproblemada y llorosa.

-Explícate- le dio la oportunidad y Nabil se volvió un manojo de nervios que no podía hilar dos palabras.

-Yo… esto… este…. este lugar….- se llevó una mano al cabello viendo todo su alrededor, tan avergonzado que sentía que comenzaría a llorar en cualquier momento-.lo siento Theo… iba… iba a decírtelo- aunque él mismo no estaba seguro de ello. Adoraba a Theo, no quería mostrarle las partes vergonzosas de sí mismo.

-¿En verdad? ¿Cuándo? – preguntó y lo enfrentó encarándolo, dando un paso hacia Nabil haciendo que éste se encogiera en su lugar-. ¿Por qué me llevaste a ese otro departamento? ¿Qué más me esconderás Nabil? ¿Soy igual a todos los amantes que llevaste a ese lugar?- exigió saber y Nabil comenzó a llorar.

-¡Lo siento, lo siento!- sollozó- ¡Tu eres especial! Yo… yo… lo siento Theo, venderé ese departamento, compraré uno nuevo, por favor no te enojes conmigo- le rogó sin saber a ciencia cierta cuál era el rumbo de los pensamientos de Theo. Aunque cualquier idiota notaría que esa respuesta solo lo había hecho enojar.

-¿Uno nuevo?- ladeó una sonrisa- ¿Eso significa ser especial?- cuestionó. Nabil se llenó de desesperación y negó varias veces.

-Lo que quieras, lo que quieras Theo… te daré lo que quieras, no me dejes por favor- podía haber dejado ir a todos los demás con ambas manos en la espalda y olvidarlo a los dos minutos, pero no era así con el rubio, solo pensar en perderlo sentía que se moría, que el aire le faltaba y se le oprimía el corazón.

-¿Lo que quiera?- preguntó dando un paso más acorralándolo contra la pared más cercana, Nabil asintió sintiéndose fuertemente intimidado.

-¡Lo que quieras Theo! Lo que quieras… solo pídelo, lo conseguiré para ti- prometió y Theo sintió que le hervía la sangre de ira ¿Ese pequeño sin vergüenza en verdad creía que estaba con el por interés? ¡¿Cómo podía ser posible?!

-¿Crees que puedes pagar por mi Nabil?- preguntó entre dientes y Nabil volvió a negar efusivamente, él sabía perfectamente que no era tan rico como para retener a Theo a su lado para siempre y menos ahora que lo había ofendido tratándolo como a los demás ¡pero él jamás lo había tratado como a los otros!


-No…- la voz se le ahogó- Pero….pero….- rompió en llanto- hasta… hasta que encuentres algo mejor… ¿no…? ¿no soy una buena opción?- preguntó suavemente, con una arraigada desesperación y Theo golpeó la pared tras Nabil sin poder evitarlo.

¡Maldita sea!

¿Qué clase de broma era esa? Ahí estaba él ofreciéndole su corazón como un idiota ¿y este chiquillo lo veía simplemente como un negocio a corto plazo?

-No me interesa la oferta- gruñó entre dientes y se separó. Nabil sintió que le fallaban las piernas y cayó al suelo sin fuerzas.

-Theo… theo por favor… no me dejes- le pidió. Theo se detuvo un segundo en su camino a la puerta, se giró a verlo pero no volvió sobre sus pasos. Simplemente caminó hasta la salida y aunque estaba furioso la cerró lentamente tras salir.

Decir que fue fácil para Theo caminar edificio afuera sería mentir, a cada paso que daba quería volver sobre sus pasos, acunar a su pecoso y decirle que lo perdonaba, que todo estaría bien, pero su orgullo y la certeza de que no era lo correcto le impidieron volver. Si volvía ahora sería siempre el que llevase el corazón por delante, listo para ser acribillado de nuevo.

-Theo… ¿te encuentras bien?- Preguntó Arturo preocupado al verlo regresar con un rostro cenizo.


-No, llévame a mi departamento- ordenó con voz fría subiendo al auto sin volver ni una sola vez la mirada al edificio que acababa de dejar.